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Hoy en día vivimos en un mundo saturado de marcas. Tanto, que cada vez nos es más difícil resaltar de la competencia. No queremos pasar desapercibidos; todo lo contrario, queremos destacar, posicionarnos y ganarnos un espacio en el mercado y si hay unos conjuntos de rasgos que nos puede ayudar a cumplir este cometido es la identidad de marca, de la compañía.

La razón es sencilla, cuando cuentas con una identidad establecida y sólida, no solo eres capaz de transmitir tus valores, filosofía y razón de ser al público, sino también logras diferenciarte del resto en elementos visuales y de percepción que servirá para impulsar tu negocio. Al final, con una identidad es posible generar resonancia dentro del mercado que permeé en la consciencia colectiva.

Por lo anterior, nuestra empresa podrá conectar con su cliente ideal y generar un sentido de confianza, identificación y, por ende, lealtad. Un cliente leal es la mejor forma de un cliente ganado, un cliente leal es un cliente cautivado en ambos sentidos de la palabra. Sí logras generar lealtad, estás a un paso de tener un cliente cautivo. Los atributos definidos en la identidad de la empresa serán igualmente transmitidos al personal de trabajo, quienes a su vez desarrollarán un sentido de pertenecía y, por consiguiente, trabajen con mayor compromiso.

Antes de empezar cualquier negocio, es de suma importancia darle el peso y la atención que merece este punto. Al carecer de una identidad clara, algunas estrategias de comunicación como campañas de publicidad o presencia en redes sociales, carecerán de sentido y esfuerzo: estarás llegando a muchas personas, pero al mismo tiempo a ninguna.

Si la identidad empresarial es un nuevo tema para ti y no sabes cómo empezar, puedes comenzar por responder las siguientes preguntas que te servirán como guía y un buen punto de partida. Por supuesto existen otras herramientas, pero recomendamos altamente iniciar con el siguiente ejercicio. En conjunto, tendrás un mejor panorama de cómo es tu marca y puede irse construyendo una mejor.

  • ¿Cuáles son los objetivos que quiero alcanzar con mi negocio/empresa?

Esta es la pregunta más genérica; no obstante, su respuesta nos ayuda a tener claro dónde queremos llegar. Tener objetivos claramente definidos nos permite enfocar nuestros esfuerzos de mejor manera ¿cómo quieres llegar a cierto número de personas si ni si quiera sabes a dónde quieres llegar con tu marca?

Recuerda, los objetivos deben de ser claros, con fecha de cumplimiento y, mucho más importante, se deben poder medir los progresos para poder tener un correcto control.

  • ¿Cuál es mi target que quiero abordar?

El primer paso para definir a tu buyer persona es tener muy claro qué público quieres atacar. De igual manera que los objetivos, si no sabes a qué tipo de personas abordar ¿Cómo construirás una estrategia de mercadotecnia efectiva?, ¿cómo sabrás qué canales de comunicación usar y qué mensajes expresar en redes sociales? Si todavía no tienes definido un target en específico (o no estás seguro si es el correcto), toma en cuenta los siguientes elementos:

  • Aspecto demográfico: edad, género, raza, etc.
  • Aspecto geográfico: en dónde se encuentra, si en área metropolitana o rural
  • Nivel socio económico: D, C, C+, B o AA
  • Hábitos/estilo de vida, englobado en un párrafo
  • ¿Cómo sería mi Buyer persona?

Este punto es más especifico que el target, aquí ya estás identificando cómo es tu cliente ideal en varios aspectos etnográficos (costumbres, creencias, hábitos y aspectos psicológicos). Un buyer persona debe ser capaz de describir sus metas, sus retos, actitudes, sus principales temores e intereses, que hace en su día a día y que valores lo rigen.

  • ¿Cuál es mi filosofía, mi manifiesto de marca?

Como se mencionó en el inicio, hoy en día es más relevante que nunca conectar con tu público. Las marcas deben de ser capaces de contar historias y experiencias; ideales; sueños y aspiraciones. Se debe tener una filosofía que logre impactar en la vida de las personas, lograr que sientan ese sentido de pertenencia con nuestra razón de ser, lograr ser ese manifiesto que plasme todas estas creencia de la marca en la consciencia colectiva.

Sí ya sabes que tu target son personas deportivas que aman la disciplina y disfrutan mucho ir al gimnasio; unos posibles valores que te ayudarán a conectar más con ellos son el compromiso y la tenacidad; la perseverancia y el vigor;

De igual forma, considera y juzga cómo te quieres proyectar y qué mensajes quieres dar. Sí ya los tienes presente estas actividades se te facilitarán (este punto va muy de la mano con tus objetivos y filosofía). Debes tener mucho cuidado en no caer en acciones que puedan afectar la percepción de tu marca y más importante aún, a contradecirla.

  • ¿Cómo sería la personalidad de mi marca?

Este ejercicio es muy poderoso y sobre todo muy divertido pues te ayudará a encontrar tono y voz de la marca. Si tu marca fuese una persona, ¿cómo sería? O mejor aún ¿qué celebridad te gustaría que fuese? Por ejemplo, si sabes que quieres conectar con personas deportivas que sean disciplinadas, un muy buen ejemplo que sirva como embajador de tu marca podría ser Dwayne “La Roca” Johnson: La roca representa una persona disciplinada, dura y tenaz, pero carismática y logra motivar. Otro ejemplo igual de ilustrativo es Neymar Jr. quien si bien también es deportivo, desafortunadamente su mala imagen de juego deshonesto podría afectar la imagen de tu empresa.

Una vez que tengas todo lo anterior claro, ya puedes llevar todos estos atributos a tu marca. Aterrizálo al Naming (nombre) y a un logotipo. Ambos de suma importancia pues deben de transmitir tu conjunto de ideas y características, por lo que mi recomendación personal es consultar con un experto de diseño y comunicación para englobar todo lo mencionado en estos elementos de identidad.

Una vez tenidos el logo y un buen nombre, ya puedes dar paso a la creación de diversos materiales de comunicación, tanto internos como externos. En este sentido, se te hará más fácil realizar campañas, estrategias de marketing y de redes sociales sabiendo una vez bien quién eres, qué quieres comunicar y a quién. Enfocarte en un nicho de mercado y posteriormente en ir teniendo cada vez más clientes leales.


Observas tu alrededor y por todos lados ves empresas, negocios, vendedores… desde fuera parece que todas son exitosas y te hace pensar e incluso anhelar tener tu propia empresa. De igual forma, al estar en un mundo con tanta información a la mano, escuchamos y leemos acerca de las historias de empresas que hoy son grandes y exitosas. Pero seamos sinceros, casi todos queremos tener una empresa o negocio porque creemos que es más divertido o que es más sencillo e implica menos esfuerzo que estar en una oficina 8 horas trabajando para “alguien más” teniendo responsabilidades que no nos gustan al 100%; creyendo que con juntar cierta cantidad de ahorros (sin tener en mente cuánto), lograremos buscar ‘qué podemos poner’ para convertirnos en empresarios.

Tener esa visión y ambición de querer ser emprendedores para convertirnos en empresarios es admirable, motivante e inspirador ya que se requiere de empuje y valor para tomar la decisión. Sin embargo, el crear una empresa implica enfrentar y asumir grandes responsabilidades que pueden ser no tan perceptibles a simple vista, realizar sacrificios y estar conscientes que al igual que un bebé, requiere de cuidados especiales, atención e inversión.

A lo largo de algunos años, he tenido la oportunidad de estar en contacto y convivio constante con muchos dueños de empresas, quienes en pláticas me comparten lo retador que implica crear, desarrollar y mantener una empresa. Incluso, también he dado el salto de emprender en varias ocasiones sin lograr “el éxito” como lo vemos en nuestro alrededor; ambas cosas me han llevado a identificar cuáles son los principales retos o errores que alguien puede cometer al momento de iniciar una empresa. Quisiera compartirlos para que el día de mañana que contemples iniciar tu propio negocio/empresa estés listo para afrontar algunos retos de muchos que se pueden tener:

  1. Crear por crear. Iniciamos pensando o diciendo "Me gustaría poner algo", eso nos lleva a no tener claro qué es lo que verdaderamente queremos, nos apasiona o en lo que sabemos hacer. Y con ello, nos saltamos pasos esenciales para evaluar la viabilidad de lo que queremos ‘poner’ enfocada en atacar una oportunidad de mercado. Se deben contemplar estudios de mercado, análisis financieros, investigaciones de tendencias, etc. que nos permitan saber si hay un mercado cuyas necesidades podemos satisfacer.
  2. Contar con un análisis financiero completo. Esto puede sonar complejo pero en realidad no lo es, de hecho, es importante porque es base para hacer una empresa saludable. Muchas veces la gente sólo contempla la inversión inicial – esos ahorros que logramos juntar para arrancar una empresa – y deja de lado el capital de trabajo (costos de operación) para que el negocio funcione por un tiempo determinado, sobre todo en los primeros meses de arranque.
  3. Modelo de negocios. Al crear una empresa perdemos de vista elementos que explican, dan soporte y estructura; elementos que forman la columna vertebral del negocio. Desarrollar el modelo de negocios es clave, ya que éste nos ayuda a ver el panorama de lo que nuestra empresa ofrecerá, de qué forma, para quién, por qué, con qué medios, qué será lo diferente, etc. Existe el Canvas Model de Alexander Osterwalder que es muy útil para plasmar la idea de negocio.
  4. Pronosticar una operación demasiado optimista. Nos puede llegar a apasionar tanto la idea de tener nuestra propia empresa, que nos dejamos llevar por la emoción y creemos que las cosas van a salir tal cual las imaginamos. Es importante considerar que en el terreno de juego, la realidad puede cambiar y así como hacemos un plan optimista para ventas y costos, debemos de contemplar por lo menos dos planes más, uno conservador y uno pesimista. Debemos estar preparados para estar con nuestra empresa no sólo en las buenas, sino también en las no tan buenas.
  5. Visión en grande. Cuando iniciamos, debemos tener un objetivo grande para establecer procesos que le den formalidad a nuestra empresa, ya que muchas empresas van improvisando en el camino y toman decisiones que no son las más indicadas para el rumbo de la empresa. Se requiere hacer procesos que sean escalables.
  6. Aspectos legales y fiscales. Muchas personas le restan importancia a dar de alta una empresa legal- y fiscalmente, esto principalmente por creer que así podemos minimizar el riesgo al caer en el fracaso o porque es mejor ahorrar lo más que se pueda. Si queremos ser un gigante, debemos cumplir con lo que eso implica.
  7. Escatimar en talento y sueldos. Al momento de crear una empresa debemos contemplar que parte del éxito o fracaso que pueda tener, depende en gran medida de las personas que laboren en ella. Muchas personas buscan pagar mínimos sueldos o incluso no invertir en contar con mejores perfiles, lo que a la larga podría resultar en algo que escuchamos a menudo: Lo barato sale caro. Esto lleva a los empleados a no estar a gusto en su lugar de trabajo, ser poco productivos, realizar las cosas a medias, etc. traduciéndose en resultados deficientes para la empresa.
  8. Dejar a un lado gastos. Hay cosas que consideramos que no sumarían o afectarían si no los contemplamos. En la estructura de costos debemos considerar rubros como agua, luz, impresiones, renta, etc. Gastos que son esenciales para la operación de una empresa. Por otro lado, evitar ahorrar en gastos pequeños pero de gran impacto a la empresa, registrar nuestro nombre y logo en el IMPI, página Web, redes sociales, entre otros; ya que son gastos que se convierten en inversión.
  9. Redes sociales. Hoy en día es vital que una empresa tenga presencia en el mundo digital. Se vuelve obligatorio para poder llegar a nuestro mercado, ya que el consumidor basa sus decisiones de compra a través de lo que ve en la red. Una empresa puede demostrar su posicionamiento y capacidad de influencia a través de la interacción que realiza en redes sociales.
  10. Creer que no le rindes cuentas a nadie. Muchas personas dicen que quieren crear su propia empresa para “no trabajar para alguien más”, ese alguien que les asigna responsabilidades ajenas, exige cumplir resultados y evalúa el desempeño. Esto es una falsa creencia ya que al crear una empresa uno debe cumplir las expectativas de muchas personas alrededor: clientes, empleados, proveedores e inversionistas que al final son a los que terminamos rindiendo cuentas y trabajando para ellos. Incluso la exigencia y responsabilidad se vuelve aun más grandes pues la entrega de resultados ya no es a una persona sino a varias, llegando a impactar a familias enteras.

Por lo que el observar, pensar y dar el paso para crear una empresa debe representar riesgos, incertidumbres y retos que vale la pena enfrentar para superarnos a nosotros mismos y generar un cambio en nuestro entorno y sociedad.

 

María Fernanda Fuentes
Líder de Cuenta Clave